El agua en la industria de alimentos y bebidas: eficiencia, innovación y responsabilidad compartida
Cada vez que la industria de alimentos y bebidas se reúne para hablar de agua, el diagnóstico es el mismo: el recurso está bajo presión, la región es vulnerable y el sector tiene más capacidad de acción de la que suele reconocerse. Eso fue exactamente lo que quedó en evidencia en el foro virtual que ALAIAB organizó en el marco del Día Mundial del Agua.
Un recurso bajo presión creciente
América Latina es una región rica en agua en términos agregados, pero esa abundancia promedio esconde una realidad más compleja: existe una brecha creciente entre la oferta y la demanda hídrica, que varía significativamente según el territorio. Zonas de México, Centroamérica, la costa peruana y el norte de Chile ya enfrentan estrés hídrico severo, y el panorama no mejorará sin una intervención activa.
El cambio climático es un factor determinante. Según el último informe del IPCC, las temperaturas seguirán aumentando y podrían estabilizarse en torno a los 3°C en las próximas décadas. Esto implica mayor variabilidad climática, menor previsibilidad en las precipitaciones y una presión creciente sobre cuencas y acuíferos. Para la industria, esto se traduce en un riesgo operativo concreto que ya no puede gestionarse solo como un tema ambiental: el agua es hoy una variable central de competitividad y resiliencia productiva.
Ya no se trata solo de usar menos agua, sino de gestionar mejor el riesgo hídrico, con una mirada que combine eficiencia, gobernanza, inversión y colaboración público-privada.
Eficiencia operativa: la primera línea de acción
La reducción del consumo en planta sigue siendo el punto de entrada más común y, bien implementada, uno de los de mayor impacto. Las empresas más avanzadas del sector han logrado reducciones significativas en su consumo específico de agua (medido en litros por unidad producida) a través de combinaciones de tecnología, procesos y cultura organizacional.
Entre las herramientas más efectivas se encuentran los sistemas de recirculación y reutilización en circuito cerrado; los sensores de caudal y sistemas de monitoreo en tiempo real, que detectan fugas y desviaciones antes de que se conviertan en pérdidas significativas; y la optimización de procesos de limpieza CIP (Clean In Place).
La medición es el punto de partida. Sin datos confiables sobre cuánta agua se usa, dónde y para qué, no es posible establecer metas ni verificar resultados. Estándares como GRI 303, la metodología de Alliance for Water Stewardship (AWS) y los marcos de SBTi for Water están ganando terreno como referencias para la medición, el reporte y la validación externa de los compromisos hídricos corporativos.
Innovación tecnológica: el siguiente nivel
Más allá de la eficiencia operativa convencional, un número creciente de empresas está incorporando tecnologías que redefinen la relación entre producción y consumo de agua. Los sistemas avanzados de reutilización de agua de procesos, como el retrolavado de filtros, y la inteligencia artificial aplicada a la gestión operativa son ejemplos de innovaciones que ya están generando resultados medibles en plantas de la región.
Estas soluciones no son exclusivas de las grandes corporaciones. Tecnologías modulares y escalables están haciendo que herramientas antes reservadas para grandes plantas sean accesibles para empresas medianas, lo cual es especialmente relevante en una región donde la industria está mayoritariamente compuesta por PyMEs.
Cuencas y comunidades: la dimensión que no puede faltar
La gestión hídrica responsable no termina en el medidor de la planta. Las empresas que operan en territorios con cuencas hidrográficas compartidas tienen un rol activo en la gobernanza del agua a nivel local.
Las empresas más avanzadas en esta materia ya trabajan con estrategias en tres dimensiones: eficiencia interna en sus operaciones; trabajo con comunidades para mejorar el acceso al agua y la capacidad de adaptación local; y protección de la salud de las cuencas hidrográficas de las que se abastecen. Esto puede incluir proyectos de reposición hídrica, construcción de humedales artificiales, restauración de ecosistemas y programas de acceso al agua en territorios rurales cercanos a sus operaciones.
Esta visión integral no es solo un imperativo ético: también responde a las expectativas de los mercados financieros, consumidores y reguladores. Los fondos de inversión con criterios ESG ya incorporan métricas de gestión de cuencas en sus evaluaciones de riesgo, y las comunidades exigen cada vez más que la industria sea un actor corresponsable en la sostenibilidad del agua local.
Como señaló el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) en el foro, la abundancia agregada de la región no elimina la vulnerabilidad local. Lo que importa es la seguridad hídrica efectiva en cada territorio y a lo largo de cada cadena de valor.
El compromiso del sector: de la declaración a la acción
El foro de ALAIAB evidenció que el compromiso de la industria con el agua ya no se expresa solo en declaraciones de sostenibilidad, sino en proyectos concretos, métricas verificables, tecnologías implementadas y alianzas construidas con territorios y comunidades. Durante la actividad se destacó que la eficiencia hídrica puede ser, al mismo tiempo, una estrategia de negocio, un compromiso ambiental y un aporte al desarrollo local.
El camino no está terminado. La escasez hídrica seguirá siendo una presión creciente en la región y la industria deberá acelerar su transformación. Pero la dirección es clara: el agua no es solo un insumo que se gestiona, es un bien común que se cuida. Y la industria de alimentos y bebidas tiene tanto la responsabilidad como la capacidad de liderar ese cuidado.